La Combi
En mi búsqueda por hacer feliz a los demás (seguramente), siempre he intentado sonreír cuando alguien me mira. Cuando hago esto en la calle, hay personas que se asustan y caminan más rápido, miran para otro lado, en fin, hacen todo lo que sea necesario para ignorar la sonrisa.
Así, me he conformado con la desconfianza del país. Ahora solamente sonrío a las personas a las que dirijo palabra. Para ejemplificar: a mis conocidos, a los 87527351 huachimanes que hay por mi casa (aunque algunos igual me miran feo), a las cajeras de Metro, al gasfitero, a la señora que pasea a mis perros, etc.
Sin embargo, hay una excepción: el cobrador de micro. Ese personaje tan particular de la cultura limeña con el que interactuamos muchos de nosotros en las mañanas. Yo intento dirigirle una sonrisita y hablarle de manera cortés cuando le doy el sol que me lleva a la universidad, o cuando estoy a punto de bajar, pero no puedo. ¡El cobrador me mira tan feo! Encima, tengo la voz bajita, y siempre me hace repetir lo que dije con una expresión escéptica a lo ¿Quéee? ¿EH?
…Obviamente, mi sonrisa no se digna en aparecer.
Probablemente será imposible que los cobradores se vuelvan más corteses con nosotros los pasajeros. Y entiendo: están horas de horas parados, les regatean de manera descarada, incluso les insultan… Talvez aprendan cuando tengan un salario fijo y un contrato más formal. Quizá estarán más tranquilos y no se preocuparán en cobrar el pasaje cada dos segundos. ¿Quién sabe?
Les guardaré mi sonrisa para ese día.
ViCtoria~



Mario C. respondidos:
Tienes toda la razón al decir que son personajes muy particulares, son casi casi un algo turístico.
Mayo 15, 2009 at 10:22 pm. Permalink.